viernes, 9 de enero de 2009

LA NIÑA QUE SILENCIO A LA O.N.U. POR 5 MINUTOS.


Hola, soy Severn Suzuki y hablo por ECO (Environmental Children's Organisation), Organización Infantil del Medio Ambiente. Somos un grupo de niños de 13 y 14 años de Canadá intentando lograr un cambio: Vanessa Suttie, Morgan Geisler, Michelle Quigg y yo.

Recaudamos nosotros mismos el dinero para venir aquí, a cinco mil millas para deciros a vosotros, adultos, que tenéis que cambiar vuestra forma de actuar. Al venir aquí hoy, no tengo una agenda secreta. Lucho por mi futuro. Perder mi futuro no es como perder unas elecciones o unos puntos en el mercado de valores. Estoy aquí para hablar en nombre de todas las generaciones por venir.

Estoy aquí para hablar en defensa de los niños hambrientos del mundo cuyos lloros siguen sin oírse. Estoy aquí para hablar por los incontables animales que mueren en este planeta porque no les queda ningún lugar adonde ir.

No podemos soportar no ser oídos.


Tengo miedo de tomar el sol debido a los agujeros en la capa de ozono. Tengo miedo de respirar el aire porque no sé qué sustancias químicas hay en él. Solía ir a pescar a Vancouver, mi hogar, con mi padre hasta que hace unos años encontramos un pez lleno de cánceres. Y ahora oímos que los animales y las plantas se extinguen cada día, desvaneciéndose para siempre.


Durante mi vida, he soñado con ver las grandes manadas de animales salvajes y las junglas y bosques repletas de pájaros y mariposas, pero ahora me pregunto si existirán siquiera para que mis hijos los vean. ¿Tuvieron que preguntarse ustedes estas cosas cuando tenían mi edad?


Todo esto ocurre ante nuestros ojos y seguimos actuando como si tuviéramos todo el tiempo que quisiéramos y todas las soluciones. Soy solo una niña y no tengo todas las soluciones, pero quiero que se den cuenta: ustedes tampoco las tienen. No saben como arreglar los agujeros en nuestra capa de ozono. No saben como devolver a los salmones a aguas no contaminadas. No saben como resucitar un animal extinto. Y no pueden recuperar los bosques que antes crecían donde ahora hay desiertos. Si no saben como arreglarlo, por favor, dejen de romperlo.


Aquí, deben ser delegados de gobiernos, gente de negocios, organizadores, reporteros o políticos, pero en realidad sois madres y padres, hermanos y hermanas, tías y tíos, y todos vosotros sois el hijo de alguien. Aún soy solo una niña, y sé que todos somos parte de una familia formada por cinco billones de miembros, de hecho por treinta millones de especies, y todos compartimos el mismo aire, agua y tierra. Las fronteras y los gobiernos nunca cambiarán eso.


Aún soy solo una niña, y sé que todos estamos juntos en esto y debemos actuar como un único mundo tras un único objetivo. En mi rabia no estoy ciega, y en mi miedo no estoy asustada de decir al mundo como me siento. En mi país derrochamos tanto… Compramos y despilfarramos, compramos y despilfarramos, y aún así los países del Norte no comparten con los necesitados. Incluso teniendo más que suficiente, tenemos miedo de perder parte de nuestros bienes, tenemos miedo de compartir.


En Canadá vivimos una vida privilegiada, plena de comida, agua y protección. Tenemos relojes, bicicletas, ordenadores y televisión. Hace dos días, aquí en Brasil, nos sorprendimos cuando pasamos algún tiempo con unos niños que viven en la calle. Y uno de esos niños nos dijo: "Desearía ser rico, y si lo fuera, daría a todos los niños de la calle comida, ropas, medicinas, hogares y amor y afecto". Si un niño de la calle que no tiene nada está deseoso de compartir, ¿por qué somos nosotros, que lo tenemos todo, tan codiciosos?


No puedo dejar de pensar que esos niños tienen mi edad, que el lugar donde naces marca una diferencia tremenda, que podría ser uno de esos niños que viven en las favelas de Río; que podría ser un niño muriéndose de hambre en Somalia; una víctima de la guerra en Oriente Medio o un mendigo en India. Aún soy solo una niña y se que si todo el dinero gastado en guerras se utilizara para acabar con la pobreza y buscar soluciones medioambientales, qué lugar maravilloso sería la Tierra.

En la escuela, incluso en el jardín de infancia, nos enseñan a comportarnos en el mundo. Ustedes nos enseñan a no pelear con otros, a arreglar las cosas, a respetarnos, a enmendar nuestras acciones, a no herir a otras criaturas, a compartir y no ser codiciosos. ¿Entonces por qué salen fuera y se dedican a hacer las cosas que nos dicen que no hagamos?

No olviden por qué asisten a estas conferencias, lo hacen porque nosotros somos sus hijos. Están decidiendo el tipo de mundo en el que creceremos. Los padres deberían poder confortar a sus hijos diciendo: "todo va a salir bien", "esto no es el fin del mundo" y "lo estamos haciendo lo mejor que podemos". Pero no creo que puedan decirnos eso más. ¿Estamos siquiera en su lista de prioridades?


Mi padre siempre dice: "Eres lo que haces, no lo que dices". Bueno, lo que ustedes hacen me hace llorar por las noches. Ustedes, adultos, dicen que nos quieren. Os desafío: por favor, haced que vuestras acciones reflejen vuestras palabras.

Gracias.

viernes, 2 de enero de 2009

REFLEXIÓN DE AÑO NUEVO.


El año nuevo es el término de un ciclo y el inicio de otro. Los seres humanos, como partes integrantes de un ecosistema, vivimos dentro de ciclos: las estaciones del año, la respiración, las distintas edades de la vida, el ciclo del agua, la multiplicación, en fin la vida y la muerte. Como una forma de dar un sentido trascendente a estos procesos de cambio externos e internos, los asociamos a ritos, costumbres, tradiciones. Los sociólogos llaman a estas acciones, con frecuencia referidas al devenir de una edad o estado a otra edad o estado, “ritos de paso”.

Las fiestas de Año Nuevo son, en cierto modo, un rito de paso, celebrado con un cena familiar, fuegos artificiales, recuerdos y evaluaciones del año que se va, nostalgias de parientes lejanos o ya fallecidos, para despedir, “quemar”, cerrar y recordar el Año Viejo, y con brindis de champagne, vestuario festivo y cotillón, baile y abrazos con buenos deseos o “bendiciones” para recibir con alegría, esperanza y ternura al Año Nuevo.

Nuestra cultura cristiana ha asumido esta fiesta como una respetable tradición secular –no vamos a utilizar el despectivo término “pagana”- ya que es del siglo, puesto que la Iglesia Cristiana no contempla en sus contenidos esta fiesta. Incluso el calendario eclesiástico no es coincidente. Lo más cercano a una renovación de la vida es la fiesta de la Resurrección del Señor Jesucristo, que se celebra en Semana Santa. Aunque en un lugar llamado Bayaguana se celebra al Santo Cristo de los Milagros el día de Año Nuevo.

Cada persona, desde su particular modo de sentir la vida, de acuerdo a su edad y a su cultura, celebrará estas fiestas con más o menos intensidad, pero indudablemente la mayoría las vivirá con gran emoción. A nosotros nos interesa rescatar ciertos valores de ellas, principalmente el de brindarnos una oportunidad para reflexionar en el camino que hemos hecho hasta ahora, agradecer a Dios por todos sus beneficios y proyectarnos con esperanza hacia el mañana. También necesitamos realizar este ejercicio en sentido horizontal, es decir con gratitud hacia nuestros familiares, amigos y hermanos en la fe, porque nadie es una isla y todo logro personal es, en gran medida, fruto de una interacción con el otro. Tal vez por ello esta fiesta se vive en familia, porque fortalece los vínculos de la unidad fundamental del tejido social. Mas, no olvidemos la dimensión vertical que requiere todo rito o liturgia; es necesario que nos contactemos con el Autor de la Historia, Aquél que es Señor de la Vida para que ésta cobre su verdadero sentido, el de la trascendencia.


Iván Tapia

miércoles, 10 de septiembre de 2008

EL JARDÍN DE MI CASA.

Sergio Tapia Lira
1925 - 2004



Hace poco me quedé mirando el pequeño jardín de nuestra casa, tan repleto de plantas, árboles y flores. Y más allá de su agreste belleza pude ver dos cosas fundamentales: la fuerza y grandeza de la naturaleza y la mano diligente y cariñosa de mi querida esposa. Sin ella, este pequeño espacio de terreno estaría lleno de maleza y una que otra flor cuya semilla habría traído el viento. Sin embargo, ella ha preparado la tierra, la ha abonado, ha plantado semillas, patillas y arbolitos, que ya están adultos, por tanto están verdes, floridos, con frutos, que nos regalan su dulzor y sus ramas que nos dan sombra, pero por sobre todo crean un ambiente natural. Es algo que lo hace a uno trasladarse a los lugares campestres, donde tanto ha disfrutado con toda su familia. Es algo difícil de explicar, pero cuando miro el jardín, veo a mi incomparable esposa, a mis hijos... parece que es una síntesis de mi vida.


Valparaíso, diciembre de 1998.

lunes, 21 de abril de 2008

HOY MÁS QUE NUNCA...



Hoy más que nunca se precisa gente que tenga amor para dar, porque EL AMOR lo puede todo, lo soporta todo, lo intenta todo. Hoy, más que nunca, se necesita gente de buena voluntad que desee realmente ayudar al prójimo con una sonrisa cálida, con un apretón de manos, firme, con una palabra de aliento. Hoy más que nunca, se requiere gente con verdadera fe en NUESTRO CREADOR, que sea capaz de impulsar a otros mediante su propio ejemplo a sentir lo mismo. Hoy más que nunca, se precisa gente dispuesta a ayudar y a hacerlo por amor a Dios y al prójimo. En la medida que podamos ser así, lograremos hacer de este mundo un lugar mucho mejor.

¡Y...PARA ESO NO NECESITAMOS GASTAR NI UN SOLO CENTAVO! ¿No vale la pena meditar al respecto? Pues si bien es cierto, que vivimos en un mundo conflictivo desde el punto de vista económico, laboral, con tanta competencia, etc., también es muy cierto que con sólo tener gente dispuesta a ayudar así, la existencia se haría mucho más tolerable.

Y ya que hablamos de todo eso, hablemos también del CONTENTAMIENTO, pues, viviendo en una sociedad consumista como la nuestra, donde se fomenta la adquisición de bienes materiales, creo que es en extremo urgente que procuremos practicar con mucho ahinco el estar contentos con lo que Nuestro buen Padre nos ha dado y nos da constantemente, siendo esto en gran medida importante para poder realmente ayudar a los demás, ya que si nos sentimos felices y agradecidos, podremos ayudarles más eficientemente.


miércoles, 27 de febrero de 2008

UN CUENTO DE PAULO COELHO



Un Hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había abandonado este mundo y prosiguió su camino con sus dos animales (a veces los muertos andan un cierto tiempo antes de ser conscientes de su nueva condición…) La carretera era muy larga y colina arriba el sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él, el siguiente diálogo:
-Buenos días.
-¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
-Esto es el cielo.
-¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
-Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
-Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
-Lo siento mucho – Dijo el guardián – pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante.
Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puerta vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
-Buenos días – dijo el caminante.
El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
-Tenemos mucha sed, mi caballo, mi perro y yo
-Hay una fuente entre aquellas rocas – dijo el hombre, indicando el lugar- Podéis beber toda el agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar gracias al hombre
-Podéis volver siempre que queráis – Le respondió éste.
-A propósito ¿Cómo se llama este lugar? – preguntó el hombre.
-CIELO.
-¿El Cielo? Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
-Aquello no era el Cielo. Era el Infierno – contestó el guardián.
El caminante quedó perplejo.
-Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! – advirtió el caminante.
-De ninguna manera! – increpó el hombre. En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos…

martes, 26 de febrero de 2008

LA PEOR DISCAPACIDAD


Gloria Schivo Olivo



En esta ocasión les invito a reflexionar sobre lo que el mundo llama discapacitados, criterio sobre el cual tengo, como fruto de los años vividos y observaciones, ciertas discrepancias.

Veamos por ejemplo, el caso de las personas con trastornos visuales que a menudo son objeto de chanzas pesadas, robos, humillaciones y que, si bien es cierto no ven con los ojos fisicos, suelen ver mejor con los ojos del corazón lo que, por cierto, no deja de ser una diferente forma de ver y probablemente más perfecta que la biológica. Hablando de ello me viene a la mente el recuerdo de un caballero muy simpático, llamado Luis Denis Rubio, a quien tuve el honor de atender como cuidadora de enfermos particulares en una clinica a la que él llego en los altos de Traslaviña. El día que nos vimos por primera vez el estaba empecinado en no comer desde hacia una semana y yo logré comvencerlo de que se alimentara por su propio bien y por el mío también, para no perder mi trabajo. Así empezó nuestra amistad que llegó a ser tan profunda que el anciano caballero no dejaba que nadie lo atendiera, cuando por algún motivo muy justificado yo no podía ir y se atrincheraba en su lecho enfurruñado como un niño pequeño.

Era la primera vez que yo tenía estrecho contacto con un "discapacitado visual" y fue una experiencia tan sorprendente para mí que cada día me sentía más y más sorpendida por la agudeza de su mente, tan alerta, su capacidad de usar el sentido del buen humor para bromear, el cariño y confianza que en mi depositaba, la alegría que se reflejaba en su rostro cuando escuchaba mis pasos acercándose a su habitación y con el entusiasmo que acogía todas aquellas locas y fantasiosas ideas con las que yo amenizaba su existencia.

De todo aquello han pasado ya 13 años y hace 12 que no está entre nosotros, pero yo nunca he olvidado nuestras charlas, nuestro mutuo conocimiento, las pícaras travesuras que hacíamos y como le facilitaba mis ojos físicos y eé a mi los suyos, los del corazón, y sobre todo como aprendi de él que no todos los que tienen en buen estado sus ojos "ven" y muchos de los que no los tienen ven con mayor nitidez.


Nunca logré que en mi, a veces aparente alegría, él no descubriera mi tristeza, nunca logré que en mi disimulada despreocupación él no captase mi inquietud y el resto del personal creía que el no se daba cuenta de nada. ¡¡Qué ciegos eran!! Se guiaban por apariencias y no se daban cuentas de sus propias discapacidades .

Y si no me creen, mediten, hagan memoria, los que pudiendo oír son sordos al dolor, a la necesidad, al abuso, los que teniendo ojos sanos, no ven que la vida es tan, tan corta para guardar rencor, sentir odio y que nada de lo que ven y tocan es real. ¿Recuerdan personas asi? A mi aquellos son los que me producen mayor tristeza pues tienen discapacidades más graves que la sordera, la mudez, la ceguera y aunque uno anhela ayudarles, a menudo es como estrellarse contra un muro. Entre ellos están los que se burlan de los discapacitados fisicos, los que pudiendo dar no dan y sólo quieren recibir, los que pudiendo escuchar no escuchan, los que no saben amar. Esa es... la peor discapacidad.

viernes, 22 de febrero de 2008

EL PASEO DE LOS ANIMALES AL JARDÍN BOTÁNICO



Gloria Schivo


No tenía ganas de ir a ningún lado porque me sentia muy fatigada, pero decidí ir, como digo yo a veces, para no desairar a la hormiguita que me estaba invitando. Y la verdad.... una vez allá, en medio de la cordialidad del grupo, lo pasé regio y me di cuenta que me habría perdido algo muy agradable por descansar. Allí estaban la pareja de alondras, con la sabiduría de la vida del legendario buho, derramando alegria y comprensión entre todos los asistentes; luego estaba la ratita blanca que, a pesar des sus pesares, es tan alegre como ardillita y juiciosa como una ratoncita. A ellos tres los conocía de antes, pero el ruiseñor era alguien nuevo para mí y me gustó su suavidad, sencillez y hermosa voz. Por la tarde llegó el toro, tan fuerte, vigoroso, decidido, que aunque parezca increible hace regia pareja con la hormiguita y venia acompañado por su madre la loba, luchadora y tozuda. Finalmente estaba yo, que soy una tortuga meditativa y pensativa. Aunque parezca inverosímil, el ambiente era bueno y simpático, a pesar de la diversidad.

Como decía, el tiempo se me pasó volando; platicamos, bromeamos, comimos, bebimos, reflexionamos y finalmente celebramos un culto al aire libre en esa inmensa y maravillosa catedral que es la naturaleza, lo que para mí fue muy grato, ya que soy de las que creen que es el lugar idóneo para acercarse a Dios, nuestro Padre y Creador.

Sinceramente, creo a pie juntillas, que la iglesia de las alondras con él como pastor, es una hermosa obra, en la que precisamente, por contar con un número reducido de fieles, puede atender más efectivamente a las necesidades y falencias de los componentes; en la que, por igual motivo, hay más tiempo para cada feligrés, creándose así nexos fuertes de amistad entre todos, de conocimiento recíproco, lo que facilita el ayudarse los unos a los otros más efectivamente.

Por eso, modestamente, digo a las alondras: adelante!!! y que el Señor los colme a todos de muchas bendiciones

La tortuga